
Damos tiempo y espacio a nuestro entrenamiento en presencia y esto podemos extrapolarlo a la vida: asumiendo, entendiendo y aceptando que a veces, las cosas se desarrollan a su propio ritmo. La paciencia implica la humildad de saber que todo tiene un ritmo y no siempre es el que desearíamos. Implica también la confianza de que, manteniéndonos conectados a nuestra Esencia en nuestra vida, en esa presencia, todo ocurre cuando ha de ocurrir, ni antes ni después. https://familiadevida.es/atencion-presente-desde-tu-corazon/
Muchas veces vamos detrás del próximo mejor momento, cosa que nos impide estar presentes en el momento que estamos viviendo. Vivir plenamente cada momento quiere decir justamente esto: “Ser” presentes en el aquí y ahora. Y es en este aquí y ahora donde se puede actuar y responder a esta realidad, si así se desea. https://familiadevida.es/momento-presente/
En todo este proceso, la compasión y la autocompasión son fundamentales. Nos van a permitir acompañarnos y/o acompañar desde el Amor y en Amor, en los procesos de sanción, de aprendizaje, que se nos dan a lo largo de la vida a todos y cada uno de los seres humanos. https://familiadevida.es/el-autoconocimiento-es-tu-responsabilidad/
Esta compasión y autocompasión se da desde la presencia, desde la confianza en la vida, desde el darnos cuenta de lo que nos sucede o está sucediendo a otros, desde el reconocimiento y la aceptación de lo que nos ocurre o le está ocurriendo a otros, desde el abrazo a nosotros mismos con lo que nos pasa o al otro con lo que le sucede, desde la entrega, permitiéndonos soltar, que esos estados se liberen. Ahí llegará, de forma serena, la claridad y con ella la posibilidad de llevar a cabo la acción consciente.