
Cuando el ser humano se desconecta de su parte esencial se produce un gran desequilibrio en su vida, en todas y cada una de las áreas que la conforman. https://familiadevida.es/nuestra-parte-humana-nuestra-parte-esencial/ Cuando perdimos el sentido de la trascendencia, aceptando esa desconexión, nos insertamos en un mundo exclusivamente materialista. Aceptar esto y contribuir a ello: sometiéndonos a la vida frenética que se nos ha vendido y hemos comprado, aceptando la separación entre razas, culturas, clases sociales, nivel educativo, visiones contrapuestas como el machismo y el feminismo, etc nos ha conducido a una sociedad pobre en alegría, pobre en el bienestar real, no en el que nos vendieron, una sociedad enferma de estrés, de ansiedad, de depresión…anclada en el miedo a perder: la salud, el dinero, las propiedad, las personas a las que consideramos de nuestra propiedad, etc.
Vivimos en una sociedad materialista que se manifiesta en las múltiples expresiones del ego, como la tendencia al individualismo. Nos hemos ido encerrando en nuestras casas, trabajos, familias nucleares y extensas, amigos…casi todos con mucha ocupación y escasos tiempos para compartir juntos. Ante esto decimos, a veces, expresiones como: ¡es lo que hay! ¡La vida es así! ¡Peor estaban nuestros abuelos! ¡Qué le vamos a hacer, hay que tirar para adelante! ¡Es lo que hay! y un largo etc. Y, no vemos más allá.
Nuestra percepción está velada, desde hace muchísimos años y, poco a poco, programación tras programación, manipulación tras manipulación, nos hemos dejado encerrar en los parámetros de una mente egóica que nos retroalimenta en el miedo, en todas sus expresiones: egoísmo, juicio, defensa-ataque, culpa, sumisión, inacción, sometimiento, prisa….
Por otro lado el avance en las telecomunicaciones nos ha permitido una transmisión de información sin cercanía real y muy reducida a breves periodos de tiempo, en una vida de ajetreo sin fin. También se ha convertido en un canal de programación, de manipulación al ser humano.
Lo que se nos ha vendido como sociedad de bienestar ha generado una gran separación entre los seres humanos. El fenómeno migratorio del campo a las ciudades ha motivado que las familias se hayan disgregado. Esto se ha dado por diversos motivos pero fundamentalmente “laborales”. Se ha producido un desarraigo de la propia comunidad autónoma, dejando amigos nucleares y familia a cierta distancia física. Esto lleva a no poder acompañarse ni en momentos para compartir felicidad ni en los que se requiere ayuda. Ha dado como resultado muchas situaciones de ancianidad en soledad y de escaso tiempo para compartir. Cuando hemos formado nuestras familias nucleares, lejos de la de origen, también nos hemos encontrado solos, sin apoyos de nuestra familia para la crianza de nuestros hijos, por ejemplo. Y, dentro de la familia creada, la absorción de la vida moderna ha hecho que, en muchos casos, los padres puedan pasar poco tiempo con los niños. ¿Qué estamos priorizando? ¿Bienestar real o bienestar material? También hemos comprado la creencia de que no nos queda más remedio porque todo cuesta dinero y hay que pagar las facturas. ¿No será posible la construcción de un mundo basado en el bienestar real?
Nos hemos olvidado de que compartir con nuestras familias, pasar tiempo con nuestros seres queridos es tan importante para nuestro bienestar como respirar, comer, dormir. Y, en este olvido, a veces arrastrados por vidas de agendas llenas, vamos pasando la vida pero no viviéndola realmente.
¿Por qué insisto en la importancia de compartir tiempos, tanto de disfrute como de ayuda mutua? Porque los seres humanos somos seres relacionales, sociales. Nuestra naturaleza es así y es imprescindible para nuestro bienestar. Se ha demostrado ya a nivel orgánico que un mecanismo de recuperación del estrés es el contacto humano. Una de las hormonas más importantes para nuestra felicidad-bienestar es la oxitocina, que solamente es segregada por nuestro cuerpo a través del contacto humano.
De nuevo siento que hemos de parar, individualmente y como colectivo humano; antes de que nuestro cuerpo nos haga parar con una enfermedad, fruto de esos ritmos frenéticos y de la desatención a todo cuanto nos hace sentirnos vivos.
Los niños, desde bien pequeños, pasan la mayor parte de su tiempo en guarderías, colegios, actividades extraescolares, etc completando horas del día mientras sus padres trabajan. O, muchas veces, superpreparándose en aprendizajes para un futuro competitivo, donde lo logra el mejor (el que más idiomas tiene, el que más masters tiene, el que estudio más carreras y en mejores universidades y un largo etc)
¿Alguien les enseña a conocerse, a darse cuenta de cómo se sienten, de cómo está su cuerpo, de las emociones y cómo gestionarlas, del cuerpo energético, cómo percibirlo, cómo conectarlo?
¿Los adultos esperamos a las vacaciones para descansar, para disfrutar, para ser felices?
¿De verdad creemos que estamos aquí para eso? ¿No tendría mucho más sentido que nuestra vida, día a día, fuese plena? ¿Plena en un ejercicio profesional que fuese el reflejo de nuestros dones y talentos en nuestro auténtico propósito vital?
¿No tendría mucho más sentido que la educación de nuestros hijos fuese en valores, en ayudarles a conectar con esos dones que traen, únicos y extraordinarios, para que pudiesen crecer en ellos y con ellos, en un reconocimiento, en una felicidad, en su propio propósito vital? ¿No serían adultos felices? Me refiero a la auténtica felicidad, no la que solo proviene de los logros materiales, de todo lo externo.
Cuando dejamos de creernos el cuento, algo se va liberando en nuestro interior, se van cayendo velos que teníamos muy arraigados en forma de creencias antiguas, patrones de comportamiento, etc.
Todo se abre, porque el campo de las infinitas posibilidades está ahí para todos nosotros. Somos seres poderosos, no limitados y débiles. Cuando despertamos a la Realidad, abandonando el cuento que nos vendieron van apareciendo posibilidades donde sólo veíamos limitaciones, humanidad compartida donde sólo veíamos aislamiento https://familiadevida.es/la-sombra-y-la-luz/, salud donde había enfermedad, confianza donde habitaba el miedo https://familiadevida.es/vuelve-a-tu-hogar-gratitud-compromiso-confianza/.
¿Cómo lo hacemos? Hay un dicho que, para mí, lo refleja claramente: sal por donde entraste. Lo primero es darnos cuenta de que es un cuento. Para ello descendamos de la mente egoica al corazón, que es el que nos conecta, a través de la Presencia en Amor con nuestra Naturaleza Esencial. Desde ese darnos cuenta y volver continuamente a la esencia iremos recuperando el equilibro en nuestra doble naturaleza: humana y esencial. https://familiadevida.es/para-ti/vamos-a-lo-esencial/
Dejaremos de creernos el cuento y, de lo individual a lo colectivo, daremos lugar a un mundo nuevo. Un mundo donde el ser humano poderoso pueda expresarse desde el Amor que Es, donde el ser humano dejará de aceptar el sometimiento y se levantará libre, en una vida feliz. https://familiadevida.es/alegria-versus-ansiedad-efecto-permanente
Namaste