Nuestra parte humana. Nuestra parte esencial.

Partimos de que todos hemos sentido en algún momento de nuestras vidas que somos algo más que lo claramente manifiesto en la realidad física (el cuerpo). En nuestra tradición religiosa se le ha denominado Alma.

Fuera de toda concepción religiosa y basándome en la experiencia de personas que nos lo han transmitido y la mía propia, puedo decirte que tienes la capacidad, como todo ser humano, de conectar profundamente con tu esencia, energía, alma, naturaleza esencial….como tú quieras llamarla.

Si vamos un poquito más allá de la materia, como la física cuántica ya está demostrando, todo es energía en diferentes niveles de vibración.  Todo en el Universo es energía-vibración, tú también.  Eres esa energía, el Ser, que da vida a tu cuerpo humano, en todas sus partes.

El cuerpo se convierte en el vehículo para que esa Energía, el Ser, pueda manifestarse en el cuerpo, en este planeta. Es la energía consciente del Universo experimentando la vida en la Tierra a través del cuerpo humano.

Hemos dividido el cuerpo humano en: físico, mental, emocional y energético o espiritual. A lo largo de la historia nos hemos dejado conducir hacia una visión totalmente materialista, dando prioridad a nuestro cuerpo mental que nos ha hecho creer que es nuestro Ser. Nos lo hemos creído, confiando en que somos todo lo que nuestra mente nos dice que somos. Y actuando según ella nos indica.

¿Qué te parece si te hago la siguiente afirmación? El conector con nuestro Ser no es la mente sino nuestro corazón, que se manifiesta claramente en lo que sentimos a través de él.

Cuando creemos que somos nuestra mente, estamos confundiendo el vehículo con el conductor. El Ser es el conductor. A él llegamos a través de nuestro corazón. El vehículo es el cuerpo humano en todas sus partes: física, emocional, mental y espiritual.

Desde el observador podemos darnos cuenta de nuestra parte humana.

Cuando podemos observar el cuerpo nos damos cuenta de que no somos el cuerpo, cuando podemos observar los pensamientos nos damos cuenta de que no somos los pensamientos. ¿Qué somos entonces? Nuestra mente no puede darnos esa respuesta, es una de nuestras partes humanas, que observamos desde la esencia que somos. Para obtener la respuesta, descendemos de la mente al cuerpo. A través de la respiración  volvemos al aquí y al ahora, al momento presente, sintiendo nuestro cuerpo. Ahí la mente no puede distraernos y cuando lo hace y nos damos cuenta volvemos a descender a la respiración en el cuerpo. Cuando además nos enfocamos llevando nuestra atención al corazón y respiramos desde ahí la presencia se da y con ella la conexión con nuestra Esencia, Energía. Desde ahí nos ubicamos en la Esencia-Energía-Alma-Consciencia y ya todo es sentido desde el Amor, no juicio, compasión, alegría, serenidad…

Namaste